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¿Desde qué edad se empieza a jugar?
Patricia Mónica Sarlé
Doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires. Profesora de Educación Preescolar (IES "Sara Ch. de Eccleston"). Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación. Especialista y Magister en Didáctica. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires.

¿Desde qué edad se empieza a jugar?
En un texto que está por ser publicado, con el Dr. Ricardo Rosas, señalamos que los niños juegan porque les gusta jugar. El problema es que no les gusta jugar siempre a lo mismo. Durante los primeros meses, al niño le gusta jugar con partes de su cuerpo, ensayando repetidamente movimientos. También le gusta jugar a imitar morisquetas, a manipular objetos y a seguir con la vista objetos en movimiento. Cerca del año, el niño amplía su campo lúdico a las escondidas, a la exploración de rincones, junto con la repetición de primeros laleos y palabras. Al segundo año descubre el mundo de las palabras, y comienzan los primeros juegos de ficción con muñecas. También comienzan los primeros juegos sociales rudimentarios, como esconderse detrás de cortinas, jugar a la pelota o a perseguirse y atraparse. Al tercer año ensaya sus primeros juegos sociales más complejos, como los juegos de roles sociales. Al cuarto año ya comienzan los juegos con reglas explícitas, lo que abre un infinito campo de posibilidades lúdicas que terminan en la edad escolar en juegos cooperativos y competitivos complejos.
En prácticamente todas las edades, es posible apreciar la presencia de juegos de construcción. Al principio, en formas rudimentarias de apilar objetos, o ensartar cuentas o ensamblar rompecabezas. Hacia los cuatro o cinco años, en formas complejas de construcción de modelos en base a planes internos definidos muy claramente a la hora de ejecutar las soluciones.

¿Qué dimensiones del conocimiento ejercita un niño cuando juega?
Desde posturas teóricas diversas, los estudios que se han realizado sobre el juego en niños menores de 6 años afirman que mientras el niño juega aprende y desarrolla su pensamiento, su imaginación, su creatividad. El juego le provee un contexto dentro del cual puede ejercitar no sólo las funciones cognitivas con las que ya cuenta, sino también crear estructuras cognitivas nuevas. El juego le ayuda a reelaborar sus experiencias y es un importante factor de equilibrio y dominio de sí. Al mismo tiempo, los juegos tienen cualidades intrínsecas que estimulan los procesos de comunicación y cooperación con sus pares y amplían el conocimiento que el niño tiene del mundo social.

¿Qué papel desempeña el adulto, llámese padre o docente, frente al juego de los niños?
La participación del adulto en el juego, no supone un juego dirigido o programado a espaldas del niño, ni un juego incontrolado o aislado exclusivo del niño. Su contribución es la de facilitar la organización social, el pensamiento y la acción dentro del escenario generado para el juego. En este sentido, el juego es una forma de utilizar la mente, al ser un marco en el que pueden ponerse a prueba las cosas y combinar pensamiento, lenguaje y fantasía. El rol del adulto no supone mirar por encima del hombro del niño, intentando dirigir su actividad, sino estar cerca del niño para asegurarle un ambiente estable y, al mismo tiempo, ofrecerle la seguridad y la información que el niño necesita. Una intervención excesiva del adulto, torna al juego aburrido y le roba la iniciativa al niño
En el caso de la escuela, el juego siempre supone un formato de interacción. En este formato, el rol del maestro es el de mediador. Los modos de interacción que proponga y las formas en que va a anticipar el pasaje del control de la situación, definirán el andamiaje necesario para alcanzar el desarrollo de aprendizajes tales como el discurso narrativo, los diferentes usos del habla, la adquisición de ciertas reglas morales de vinculación con otros, la estrategia para resolver ciertos problemas, el incremento de la creatividad, la comprensión de puntos de vista diferentes del propio, los comportamientos en los papeles sociales, etc. El hecho de que sea el maestro quien inicie el juego y decida cuando termina no impide que, en ciertas ocasiones, los chicos le asignen el valor de juego a la propuesta del maestro.
El conocimiento de la cultura escolar que los niños construyen desde su entrada a la escuela les permite operar en el juego de una manera diferente a la forma en que juegan en otros contextos. Las reglas o normas de funcionamiento y organización de la escuela se constituyen en otras reglas del juego. Así por ejemplo, incorporar un compañero nuevo por mediación del maestro en un juego ya armado o compartir un espacio de juego o juguete puede ser aceptado con naturalidad por un grupo de niños en función de la norma que dice “en el jardín todos somos amigos”; suspender un juego en su momento de más alto climax será aceptado bajo protesta y retomado en el primer momento en que el maestro muestre “no estar al frente de la clase” (tiempos de espera entre actividad y actividad, tiempos inertes o sin consignas de trabajo) para nombrar solo unos pocos ejemplos.
Mirar las relaciones entre juego y enseñanza desde este planteo, hace necesario que el maestro considere el análisis de algunos aspectos tales como:

a. Qué juegos conocen los chicos y juegan en la escuela

b. Qué juegos vale la pena enseñarles en función de los contenidos que ha seleccionado para su grupo.

c. Qué necesitan saber los chicos para jugar el juego que seleccionó (involucra las reglas del juego, la estructura que presenta en cuanto a su complejidad o no y lo que tienen que realizar los jugadores, los tiempos que puede llevar su resolución, etc.)

d. Cuánto tiempo le llevará al niño aprender ese juego; qué modificaciones debe hacerle a la estructura superficial en función de los diferentes grupos; cómo va a acompañar a los niños en el desarrollo del juego (formato de interacción); qué pasos va a considerar para traspasar el control de la situación a los niños.

¿Por qué los niños quieren jugar a toda hora?
Simplemente porque el juego es la actividad principal de la infancia.

¿Qué pasa cuando se desconoce la importancia del juego?
Cuando se desconoce la importancia del juego, no solo se actúa en contra del niño y sus posibilidades de conocer y construir conocimientos sino que se desvirtúa el sentido de su modo de inserción en el mundo, desde las posibilidades específicas de su edad.
El juego como actividad característica de la infancia es un espacio de cultura en tanto producción humana particular. El niño transforma los objetos y los hechos cotidianos, interactúa con ellos y con otros sujetos, se apropia de las cosas del mundo, les atribuye sentidos y significados y construye su condición humana como ser social en su dimensión individual y colectiva. Son estas acciones las que hacen que el niño se apropie y produzca cultura. Desde esta definición, el horizonte cultural humano es un espacio compartido en donde emerge la socialización entendida como las diferentes formas de transmisión y apropiación de conocimientos, habilidades, aspiraciones sociales, herencias culturales y que involucra la apropiación de valores, técnicas e ideologías. En el juego, los niños no se limitan a reproducir fielmente la realidad sino que la transforman produciendo nuevos conocimientos sobre ella. Es en este espacio, en el que se evidencian las necesidades y las preguntas que los niños tienen acerca del mundo de los adultos y en el que crean sus propias respuestas. Los niños operan con sus representaciones mentales o conocimientos y crean, a partir de sus propias intenciones, una nueva situación o un cambio en lo que están experimentando.
En la escuela, juego y aprendizaje escolar son dos conceptos que, intuitivamente, van de la mano pero que, sorprendentemente, suelen estar escondidos en la práctica docente. Todas las teorías modernas del aprendizaje y la enseñanza, sin excepción, le asignan a las variables motivacionales internas y a las características atractivas de la tarea una relevancia esencial a la hora de proponer mejoras en el aprendizaje. Sin embargo, si asistimos a cualquier sala de clases de cualquier escuela del mundo, veremos que el juego es una actividad reservada para el recreo. Una razón probable para que esto suceda puede ser la falta de evidencia que muestre lo importante que es considerar al juego en serio. O tal vez, la falta de seriedad inmanente que tiene esta actividad, lo que la hace opuesta a la categoría de “trabajo”, que es la que se supone debe socializar la escuela.

¿Es conveniente que el niño juegue solo?
El juego, siempre supone un formato de interacción. Se puede jugar solo y sin embargo “estar con otro” ya sea dialogando consigo mismo o con los “objetos” con los que estoy jugando. .

 

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